Pintora clave del modernismo nórdico, Schjerfbeck desarrolló una obra silenciosa y profundamente contemporánea, centrada en retratos y figuras depuradas hasta lo esencial. Su lenguaje visual avanza desde el realismo hacia una síntesis cada vez más abstracta, donde el color contenido, los planos simplificados y el vacío juegan un papel decisivo. Sus imágenes transmiten introspección y equilibrio, y funcionan especialmente bien en interiores sobrios y actuales, aportando una presencia íntima y elegante sin estridencias.