Pintor autodidacta y figura singular del posimpresionismo, Rousseau desarrolló un lenguaje inconfundible: escenas oníricas, vegetación exuberante y una perspectiva deliberadamente ingenua que convierte lo cotidiano en algo extraño y poético. Sus obras transmiten calma y misterio a la vez, con una presencia gráfica fuerte y atemporal. Funcionan muy bien en interiores contemporáneos que buscan una pieza con personalidad, capaz de aportar profundidad visual y un clima evocador sin recurrir al exceso.